Carne de potro lechal

Historia
Durante el Paleolítico, los caballos salvajes formaron una importante fuente de alimento para los humanos. En muchas partes de Europa, el consumo de carne de caballo continuó durante toda la Edad Media hasta los tiempos modernos, a pesar de la prohibición papal de la carne de caballo en el año 732.

La carne de caballo también se consumía como parte de las ceremonias religiosas paganas germánicas en el norte de Europa, en particular las ceremonias asociadas con la adoración de Odín.

Los primeros caballos evolucionaron en el continente norteamericano, y alrededor de 12.000 a.C., habían emigrado a otras partes del mundo,[5] extinguiéndose en las Américas.

El caballo Hagerman de Idaho, del tamaño de un gran poni moderno, es un ejemplo de una especie de caballo autóctono del Nuevo Mundo.

En los siglos XV y XVI, los españoles, seguidos por otros colonos europeos, volvieron a introducir caballos en las Américas. Algunos caballos se volvieron salvajes, y comenzaron a ser cazados por los indígenas Pehuenches de lo que hoy es Chile y Argentina.

Inicialmente, los primeros humanos cazaban caballos como lo hacían con otros animales de caza; más tarde, comenzaron a criarlos para carne, leche y transporte. La carne fue, y sigue siendo, preservada al ser secada al sol en los altos Andes en un producto conocido como charqui.

Francia remonta su gusto por la carne de caballo a la Revolución. Con la caída de la aristocracia, sus auxiliares tuvieron que encontrar nuevos medios de subsistencia.

Durante las campañas napoleónicas, el cirujano jefe del Gran Ejército de Napoleón, el barón Dominique Jean Larrey, aconsejó a las tropas hambrientas que comieran la carne de los caballos.

En el asedio de Alejandría, la carne de los jóvenes caballos árabes alivió una epidemia de escorbuto. En la batalla de Eylau en 1807, Larrey sirvió caballo como sopa y como bœuf à la mode. En Aspern-Essling (1809), aislada de las líneas de abastecimiento, la caballería utilizó las corazas de los coraceros caídos como sartenes y la pólvora como condimento, y así fundó una práctica que se mantuvo hasta por lo menos la campaña de Waterloo.

El hambre durante la Segunda Guerra Mundial llevó a que se comieran los caballos.
La carne de caballo ganó una gran aceptación en la cocina francesa durante los últimos años del Segundo Imperio Francés. El alto costo de vida en París impidió que muchos ciudadanos de la clase obrera compraran carne como cerdo o carne de res; en 1866, el gobierno francés legalizó el consumo de carne de caballo, y se abrió la primera carnicería especializada en carne de caballo en el este de París, que ofrecía carne de calidad a precios más bajos.

Durante el asedio de París (1870-1871), la carne de caballo, junto con la carne de asnos y mulos, era consumida por cualquiera que podía permitírsela, en parte debido a la escasez de carne fresca en la ciudad bloqueada, y también porque los caballos estaban comiendo el grano que necesitaba la población humana.

Aunque había un gran número de caballos en París (las estimaciones sugieren que entre 65.000 y 70.000 fueron masacrados y consumidos durante el asedio), el suministro fue limitado en última instancia.

Ni siquiera se salvaron los caballos de carrera campeones (dos caballos presentados a Napoleón III por Alejandro II de Rusia fueron sacrificados), pero la carne se hizo escasa.

Muchos parisinos adquirieron el gusto por la carne de caballo durante el asedio, y después de que la guerra terminó, la carne de caballo siguió siendo popular.

Asimismo, en otros lugares y épocas de asedio o inanición, los caballos son vistos como una fuente de alimento de último recurso.

A pesar del tabú general anglófono, la carne de caballo y de burro se consumía en Gran Bretaña, especialmente en Yorkshire, hasta la década de 1930 y, en épocas de escasez de alimentos de la posguerra, aumentó su popularidad en los Estados Unidos y se consideraba que se utilizaba como comida de hospital Un artículo de la revista Time de 2007 sobre la carne de caballo traída a los Estados Unidos desde Canadá la describía como una carne dulce, rica, súper limpia, extrañamente blanda y más cercana a la de carne de res que a la de venado.

Beneficios





La carne de caballo puede ser tan saludable como comer carne de res, cordero, cerdo o bien pollo, además de esto su sabor es más dulce que otras, mas es más dura con lo que su cocción deberá ser lenta. Si tienes dudas de si comerla o bien no, aquí te afirmamos si es beneficioso o bien perjudicial consumirla.

La carne de caballo es una genial fuente de proteínas, contiene vitaminas del complejo B: B1, B2, B3, B6 y B12, aporta minerales esenciales como el hierro, el cinc, el fósforo y el magnesio.

Las ventajas que aporta al cuerpo son:

– Es baja en calorías, puesto que cada cien gramos contiene ciento veinte calorías.
– Combate la anemia siendo una genial fuente de hierro.
– Contribuye en la producción de glóbulos colorados.
– Es buena para el sistema inquieto.
– Su consumo fortalece las defensas.
– Es buena para la salud y belleza de la piel.
– Es buen comestible a lo largo del embarazo.
– Combate la fatiga.
– Su aporte en colesterol y ácido úrico es menor al que contiene la carne de vaca y de cerdo.

Entre las carnes rojas, se sabe que la carne de caballo contiene altos niveles de ácidos grasos insaturados, como los ácidos grasos ácido linolénico y monoinsaturados, lo que señala que el consumo de carne de caballo puede ser ventajoso para la salud.

Además de esto la grasa de caballo asimismo se ha empleado como crema para la piel y como medicina tradicional para enfermedades de la piel y sanación de heridas, singularmente quemaduras.

Es esencial resaltar que pese a las ventajas acá convocados es esencial saber dónde se adquiere dicha carne, la procedencia de los animales para eludir alguna enfermedad o bien toxicidad que ponga bajo riesgo la salud.

Si bien todos y cada uno de los especialistas reconocen las ventajas del caballo para el consumo humano, ciertos resaltan la relevancia de conocer su procedencia. «Es un producto minoritario que no se acostumbra a incluir en los regímenes. Los análisis están a favor suyo por el alto contenido en hierro, vitaminas del complejo B, aminoácidos esenciales y la escasez de grasa. No obstante, el origen del animal es fundamental para determinar si su consumo verdaderamente aporta todos estos beneficios», resalta el endocrino Camilo Silva, especialista de la Clínica Universidad de Navarra.

Indicada en casos de anemia por su alto contenido en hierro.
La carne de caballo es riquísima en hierro hemo (la manera más utilizable del hierro). Sus niveles son afines e inclusive más elevados, que los de otras carnes rojas como la ternera. Sus valores la hacen aconsejable en casos de anemia ferropénica y asimismo es buena para personas con tendencia a hierro bajo.

Los dietistas aconsejan la carne de caballo para combatir la anemia megaloblástica debido a su alto contenido en Vitamina B12.

Bajos niveles de grasas y calorías.
Uno de los primordiales beneficios de la carne de caballo es su escaso contenido en calorías y grasas. Sus niveles son semejantes a los de la carne de ave con lo que está muy indicada para personas con sobrepeso, colesterol, triglicéridos o bien peligro cardiovascular elevado.

Rica en proteínas de valor biológico.
La carne de caballo es rica en proteínas de alto valor biológico, o sea, proteínas que aprovecha el cuerpo humano. En dependencia de si la carne procede de un caballo o bien de un potro los valores pueden mudar.

«El contenido en agua, ácidos grasos y proteínas es diferente en dependencia de la edad del caballo, mas sobre todo de la nutrición y los cuidados que ha recibido durante su vida.

En el mismo animal, las propiedades asimismo cambian dependiendo de la zona de la carne de la que se trate», asegura el doctor Camilo Silva, de la Clínica Universidad de Navarra.

Contiene gran cantidad de vitaminas.
La carne de caballo es una de las más ricas en vitaminas:

1 – Vitamina B1: implicada en el metabolismo de los hidratos de carbono y los aminoácidos.

2 – Vitamina B2: participa en la producción de glóbulo colorados, anticuerpos y sostiene ciertos tejidos de nuestro cuerpo.

3 – Vitamina B3: implicada en el metabolismo de nutrientes y con la respiración tisular.

4 – Vitamina B6: relacionada con la capacitación de hormonas entre otras muchas funciones.

5 – Vitamina B12: que participa en el metabolismo de las grasas y es indispensable para la capacitación de proteínas.

Reúne los minerales más importantes: cinc y fósforo.
La carne de caballo contiene ciertos minerales más esenciales para el adecuado funcionamiento del organismo. Aparte del hierro en forma hemo es riquísima en cinc y fósforo, 2 elementos de vital relevancia para el cuerpo humano.

Deportistas




¿Qué nos aporta la carne de potro?


La carne de potro es una carne caracterizada por su sabor y por ser sanísima. De esta manera es la carne de caballo, un género de carne ignota por muchos, mas que ofrece importantes beneficios desde el punto de vista nutricional.

Partimos que la carne de potro tiene poca grasa, alto contenido en proteínas de calidad y mayor presencia en glucógeno. También, resalta por su riqueza en minerales (cinc, magnesio, fósforo y cobre), entre ellos el hierro, con lo que es un género de carne muy recomendada para aquellos que sufren anemia. Otra de sus peculiaridades es su riqueza en ácidos grasos omega tres, grasas saludables.

En lo que se refiere a su digestión, la carne de potro es de simple asimilación por su alto contenido en vitaminas del conjunto B.

Carne de potro, recomendada para atletas
Si eres atleta, esta es una clase de carne singularmente recomendada, del mismo modo que para los pequeños, personas mayores y gente que sufra anemia.

En Cárnicas Gabriel Sanchez contamos con hamburguesas de potro. ¿A qué esperas para probarlas? Las tenemos en sus diferentes variedades.

Hostelería




La carne de potro, en lo que se refiere a su cocina, es muy afín a la de ternera mas con la diferencia de ofrecer peculiaridades únicas de aquella. Dependiendo de la técnica culinaria escogida, el resultado puede ser tanto o bien más sabroso: plancha, parrilla, braseados, guisado, estofado. Un sinfín de opciones que hace que la carne de potro suponga un nuevo nicho para el campo de la hostelería.

Apartada por una cuestión cultural, la carne de potro es tierna, poco grasa y de gran aporte proteínico. En este país, la cría se concentra en el norte, si bien la mayoría se exporta, sobre todo a Italia. Y la alta gastronomía ha comenzado a interesarse por ella. ¿Por qué razón debería decir adiós a sus prejuicios y probar un manjar llamado caballo?

En la anémica España de posguerra -y en una tendencia que se alargó hasta los años ochenta- no faltó en todos y cada ayuntamiento o bien barriada una Carnicería de carne de caballo.

En temporadas de dificultad, fue un asequible sustitutivo (hasta ocho pesetas el kg) de otros magros inaccesibles, pasando de animal de tiro o bien de carga a nutritiva vianda de urgencia. Poquito a poco, aquellos mostradores llenos de chuletas y filetes caballares fueron cerrando, para dar paso a la llegada de la ternera, el pollo o bien el gorrino, con unos costos más ajustados y sin los tabúes de tener que sacrificar a tan noble y precioso animal.

mitos, verdades y más

Las contestaciones semejan encontrarse en la alta gastronomía y en la exportación.

Y sobre todo se hallan en la carne de potro (más bermeja y tierna), la cría no mayor de un par de años en la que han puesto sus ojos los nipones, siempre y en toda circunstancia deliciosa clientela.

La carne es tierna, contiene un sinnúmero de agua (el ochenta por ciento de su composición) y resalta por su elevado aporte en proteínas. La grasa se halla en el potro en bajísima cantidad, con un aporte calorífico que no llega a las cien kcal por cada cien gramos. Ángel Becerril

En España se comercializan por año unas once toneladas de carne equina (peso en canal), lo que representa solo un 0,2 por ciento del total de las carnes que devoramos.

Y mal le vienen a ese porcentaje noticias como el reciente desmantelamiento de una red que comerciaba con carne de caballo no capaz para el consumo humano y que entonces se vendía en Bélgica, Italia, Rumanía, Holanda y Francia.

El entramado hacía pasar carne de caballos de recreo y equitación -que no franquea controles veterinarios y que pueden haber sido tratados con antibióticos, fármacos o bien suplementos nutricionales- por equinos de abasto.

Se sacrificaban en mataderos de León y Segovia y de ahí viajaban a toda Europa.

El censo del Ministerio de Agricultura, Pesca, Nutrición y Medio Entorno habla de un total de setecientos caballos, la mayor parte criados y estabulados para la hípica y el recreo. Lejos de hipódromos y picaderos, son múltiples y ignotas nuestras razas equinas con vocación cárnica. La cría del caballo de carne en España ha estado de forma tradicional dividida en el norte peninsular: alto Aragón, Asturias y Cantabria, norte de Castilla-León, País Vasco, Navarra, La Rioja y Cataluña, eminentemente.

En estas zonas, el cruce de potrancas del país con sementales foráneos dio sitio a las primordiales poblaciones de equino que llegan al consumidor final y que son el hispano-bretón (un cruce franco-de España); el caballo de la montaña asturiana; el monchino cántabro; el burguete (cruce de la jaca navarra con las razas foráneas trait; postier bretón, percherón, ardanés y contois); el caballo del monte del País Vasco; y el pirenaico catalán (además de esto, en menor medida, de la potokka vasca y el asturcón).


Las piezas de potro son afines a las de vacuno y se distinguen asimismo en 3 categorías: extra, primera y segunda. Se ofertan filete, espinazo, cadera, tapa, contratapa, babilla, chuletón espaldilla, aguja, morcillo, aleta, cuello, pecho, rabo y falda, además de la ineludible carne picada y elaborados como hamburguesas, albóndigas, longanizas y hasta chorizos.

«El chuletón de potro es de los mejores del mercado, supersano, un manjar, si bien cuesta por cuestiones culturales», explica David Escudero desde su puesto en el Mercado Central de Zaragoza.

«Hay un marchante italiano que va cada quince días por Mercazaragoza y se lleva el mejor género», agrega. Por su lado, Luis Miguel Iglesias, al frente de la carnicería Hermanos Iglesias en el madrileño Puente de Vallecas, sostiene: «Es una carne sanísima y rica, y el que la prueba repite. Llevo en Vallecas desde hace más de treinta años y tengo una leal clientela, siempre y en toda circunstancia ha sido una carne buenísima para la tercera edad y para pequeños faltos de vitaminas». Sus filetes salen del expositor a unos diez euros el kilogramo, aunque los cortes más nobles como filetes y chuletones pueden lograr los treinta euros. La carne de potro contiene un sinnúmero de agua (ochenta por ciento de su composición). Su proteína trae en torno a un cuarenta por ciento de aminoácidos esenciales y las grasas se hallan en bajísima cantidad, con un aporte calorífico por cada cien gramos que no llega a las cien kilocalorías.

Perspectivas de futuro


Tanto en el Val del Ebro como en Asturias, Galicia, Cataluña, Levante y Alto Aragón es costumbre que el ganadero venda sus potros desmamados (en torno a 6 meses de edad) para su siguiente engorde y sacrificio. En verano corren libres por las colinas, pastando entre mil quinientos y dos mil metros. Cuando cae la nieve bajan nuevamente a las praderas.

Son cebados con productos naturales (presumes de avena) y su peso ya antes del matadero se cifra en unos trescientos kilogramos, ciento ochenta en canal (eviscerado y sin cabeza).

Se les llama quincenos por tener cerca de quince meses de edad. Ya han echado los dientes y entran en la sala de despiece ya antes de superar los veinte meses. «En el norte es donde históricamente más se consume, si bien curiosamente ahora hay más demanda que producción. Hay grandes suministradores, mas venden al exterior, sobre todo al sur de Italia y a Francia», arguye Ángel Lagar, presidente de la Asociación de Criadores de Ganado Equino de la Montaña Asturiana (ACGEMA), que agrupa a novecientos productores.

La aptitud económica de la producción de equino; la promoción de la carne de potro; abrir canales de comercialización y crear una Indicación Geográfica Protegida y un sello ecológico son los grandes objetivos de los ganaderos asturianos. «Estamos procurando unirnos a nivel nacional en una federación. En el instante que lo logremos, se van a dar a conocer sus virtudes y seguro que entra de lleno en restauración. Si tiene éxito ahí, el ama de la casa lo terminará comprando. Es un trabajo de campo en un largo plazo», agrega Lagar.

En la provincia de Huesca hay cincuenta explotaciones de criadores de equino hispano-bretón. «El ochenta por ciento de la producción viaja a Italia y el resto se comercializa por medio de supermercados», explica José Luis Abós, presidente de Arahisbre (Asociación Aragonesa de Criadores de Equino Hispano Bretón).

«Desde dos mil catorce, los nipones adquieren caballos para procurar una prueba a nivel de mercado con hispano-bretón, tratando de dar una opción alternativa del wagyu. Viajan al sur de Francia, adquieren animales, les hacen la prueba de tétanos, aguardan a que pasen la cuarentena y se los llevan a el país nipón.

Allá pasan 4 años a cebo natural y después lo venden a doscientos euros el kilogramo», agrega Abós.

Su camarada Sergi Arola ha sido otro de los predecesores, sin demasiada continuidad en carta, si bien Carme Ruscalleda (7 estrellas Michelin) sí la frecuenta o bien el chef Alfonso Castellano, ya antes timonel de El Patio de Leo, el día de hoy en Materia (la villa de Madrid) con un tartar de potro del mismo corte que ha preparado en exclusiva para Fuera de Serie. «Las connotaciones o bien dificultades que tiene su consumo ya nos pasan hasta con otros productos como el conejo», reconoce Castellano.

Alta cocina




Sin salir de la patria muchacha del chef Nacho Manzano, el concejo de Aller organiza en el mes de abril unas jornadas gastronómicas de la carne del potro en las que todos y cada uno de los restoranes del ayuntamiento ofrecen un menú bastante económico a base de cecinas, chorizos, carpachos, morcillos y entrecots. Este año se termina de festejar su quinta edición. «En Navarra, el País Vasco o bien Valencia el potro tiene más aceptación que en Asturias.

En la Escuela de Hostelería del Instituto Val de Aller, de Morera, veo que los pupilos tienen interés, que no toda la carne asturiana sirve para hacer cachopos. Nos planteamos ponerla en valor como los mejores quesos o bien las mejores sidras del Principado», destaca Víctor Pérez, maestro de dicha corporación. «Se trata de fortalecer el producto, de darle una apariencia atrayente, por el hecho de que sabemos que es un tema frágil, mas como lo es comerse un lechal o bien como la primera vez que comes avestruz», agrega Pérez. Al norte de León, en Babia, asimismo se festejan jornadas culinarias a lo largo de noviembre con este equino como propuesta primordial. Y el ayuntamiento de Biescas (Huesca) festeja su Feria de Otoño consagrando sus jornadas gastronómicas al potro.

La carne de potro tiene innumerables cualidades y propiedades su precio es más asequible que el precio de la carne de vaca,

lo puedes encontrar en grandes superficies como Carrefour existen innumerables recetas tituladas «potro recetas».

El precio de mercado del Potro no es el mismo precio del Potro en el matadero.

Si te has decidido comprar carne de caballo o potro para aprovechar al máximo sus beneficios y su valor nutricional es mejor que lo compres en este establecimiento.

El potro se puede cocinar de mil maneras y muchas veces te habrás preguntado ¿cómo cocinar otro ?

Pues es sencillo basta con echarlo en una sartén y freírlo con aceite de oliva es la forma de preparar Potro más clásica, puedes servirlo en bocadillo o en plato,

a esta forma de cocinar se le llama Potro guisado si además le añades un poco de salsa está será una receta muy apetitosa.

Contacto




CARNE DE POTRO MONCADA

Av. de Ferrran el Catòlic, 1, puesto 8, 46113 Moncada, Valencia

Tel : 684194906

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